Pastoral Vocacional
TESTIMONIOS
VIDA RELIGIOSA
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DIEZ ACCIONES PARA PROMOVER LAS
VOCACIONES
- “Reza por un incremento de las vocaciones al sacerdocio y vida consagrada. Jesús dice en Mateo 9,38: “pedid al dueño de la mies que envíe trabajadores a su viña”. Si queremos más sacerdotes, religiosos, necesitamos pedirlo”.
- “Enseña a la gente joven cómo rezar. El Papa Benedicto XVI dijo que si no enseñamos a nuestros jóvenes a orar, nunca oirán la llamada de Dios en una profunda relación con El y en discipulado de la Iglesia”
- “Invita a jóvenes adultos activos y adolescentes a considerar la vocación al sacerdocio o la vida consagrada. Un sencillo, sincero comentario no debería ser desestimado. Un modo fácil para hacerlo puede ser recordado por cuatro letras: ICNU. “John, I see in you (Juan, veo en tí) las cualidades que harían de tí un buen sacerdote, y deseo animarte a rezar sobre ello”. Es un modo no invasivo de animar a la apertura a una vocación religiosa”.
- “Házla atrayente. Muestra el sacerdocio por lo que verdaderamente es, una llamada a ser un padre espiritual para toda la familia creyente. De igual modo, la vida consagrada para una joven es una llamada a estar unida a Cristo de un modo único, y ser madre espiritual de aquellos que encuentra en su vida y servicio. El reto para sacerdotes y religiosos es ser modelos alegres de sus vocaciones”.
- “¡Predícalo, hermano! Se debe hablar de las vocaciones regularmente si se quiere que arraigue en parroquias y casas una “cultura vocacional”. Esto significa, primero y principal, que la gente necesita oir hablar de las vocaciones a los sacerdotes en las homilías, oraciones de los fieles, y diálogos en clase. Las vocaciones que no se ven están fuera de la mente”.
Para quienes consideran la posibilidad de la vocación:
- “Practica la fe. Todos necesitamos recordar que lo principal en nuestras vidas es crecer en una profunda, íntima y amorosa relación con Dios. Este es el primer paso para cualquier joven que desea discernir cualquier llamamiento en su vida”.
- “Entra en el silencio. El silencio es clave para la cordura y plenitud. Sólo podemos “oír” la voz de Dios si estamos callados. Quítate los auriculares de tu iPhone, iPod, e iTunes y escucha a Dios, el más grande “Yo soy”. Los jóvenes deberían probar a estar quince minutos en oración silenciosa cada día, ahí es donde pueden empezar a recibir direcciones claras en sus vidas”.
- “Se un buen discípulo. Un obispo dice: ‘No tenemos una crisis de vocaciones; tenemos una crisis de discipulado’. Los jóvenes pueden llegar a ser verdaderos seguidores de Jesucristo sirviendo a quienes les rodean. Descubriendo tu llamada al discipulado, también descubres su particular llamada dentro de la Iglesia”.
- “Pregunta a Dios. Pregunta a Dios lo que desea para tu vida y sabe que el sólo desea lo que es bueno para tí. Si, de hecho, estás llamado al sacerdocio o la vida consagrada, será el sendero hacia una gran alegría y satisfacción”.
- “En las palabras inmortales de un famoso fabricante de zapatillas: ‘¡Házlo!’. Si sientes que Dios te está invitando a ‘probarlo’, presenta la solicitud al seminario o a una orden religiosa. Recuerda, el seminario o convento es un lugar de discernimiento. No serás ordenado ni te pedirán hacer los votos de profesión en muchos años, proporcionándote una amplia oportunidad de explorar la posibilidad de un llamamiento al sacerdocio o la vida religiosa”.
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¿Requisitos?
1. Tener un corazón tan grande donde no sólo quepa una mujer, sino que puedas llenarlo de todo aquel que el Señor ponga en tu camino. Dono no sólo quepan varios hijos, sino donde puedas tener como hijos a todos aquellos muchachos que quedaron sin amor familiar.
2. Sentir que Dios quiere algo especial de ti.
3. Abrirte al Espíritu Santo, para que te de la fortaleza necesaria con la que podrás decir SÍ a la llamada de Dios.
4. Busca a algún sacerdote que te ayude a ponerte en manos de Dios para descubrir realmente qué espera Dios de ti. Te aseguro, que sea lo que sea, será lo mejor que te pueda pasar. ¿Acaso Dios te desearía algo malo? Jamás. ¡Adelante!
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¿Estoy llamado?
LA LLAMADA (Textos de Benedicto XVI sobre la vocación)
Dios es el que llama
Todo hombre lleva en sí mismo un proyecto de Dios, una vocación personal, una idea personal de Dios sobre lo que está llamado a hacer en la historia para construir su Iglesia, templo vivo de su presencia. Y la misión del sacerdote consiste sobre todo en despertar esta conciencia, en ayudar a descubrir la vocación personal, el proyecto de Dios para cada uno de nosotros. (Visita pastoral a la parroquia romana de Santa Felicidad e Hijos, Mártires. Palabras del Santo Padre Benedicto XVI al Consejo Pastoral y a los grupos parroquiales. Domingo 25 de marzo de 2007)
La grandeza del sacerdocio de Cristo puede infundir temor. Se puede sentir la tentación de exclamar con san Pedro: “Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador” (Lc 5, 8), porque nos cuesta creer que Cristo nos haya llamado precisamente a nosotros. ¿No habría podido elegir a cualquier otro, más capaz, más santo? Pero Jesús nos ha mirado con amor precisamente a cada uno de nosotros, y debemos confiar en esta mirada. (Viaje apostólico de su Santidad Benedicto XVI a Polonia. Discurso del Santo Padre. Encuentro con el clero. Catedral de Varsovia. Jueves 25 de mayo de 2006)
Muchos de vosotros habéis reconocido esta llamada secreta del Espíritu Santo y habéis respondido con todo el entusiasmo de vuestro corazón. El amor a Jesús, “derramado en vuestros corazones por el Espíritu Santo que os ha sido dado” (cf. Rm. 5, 5), os ha indicado el camino de la vida consagrada. No lo habéis buscado vosotros. Ha sido Jesús quien os ha llamado, invitándoos a una unión más profunda con él. (Viaje apostólico de su santidad Benedicto XVI a Polonia. Discurso del Santo Padre. Encuentro con los religiosos, las religiosas, los seminaristas y los representantes de los movimientos eclesiales. Czestochowa, viernes 26 de mayo de 2006)
San Francisco escuchó la voz de Cristo en su corazón. Y ¿qué sucede? Sucede que comprende que debe ponerse al servicio de los hermanos, sobre todo de los que más sufren. Esta es la consecuencia de su primer encuentro con la voz de Cristo. La gracia comienza a modelar a Francisco. Se fue haciendo cada vez más capaz de fijar su mirada en el rostro de Cristo y de escuchar su voz (Visita pastoral de Su Santidad Benedicto XVI a Asís con ocasión del VIII centenario de la conversión de San Francisco. Discurso del Santo Padre durante el encuentro con los jóvenes ante la Basílica de Santa María de los Ángeles.- domingo 17 de junio de 2007)
“Rogad, pues, al Dueño de la mies” quiere decir también: no podemos “producir” vocaciones; deben venir de Dios. La llamada, que parte del corazón de Dios, siempre debe encontrar la senda que lleva al corazón del hombre. (Viaje apostólico de Su Santidad Benedicto XVI a Munich, Altötting y Ratisbona. Encuentro con los sacerdotes y diáconos permanentes. Discurso del Santo Padre, Catedral de Santa María y San Corbiniano, Freising, jueves 14 de septiembre de 2006)
El seminarista vive la belleza de la llamada en el momento que podríamos definir de “enamoramiento”. Su corazón, henchido de asombro, le hace decir en la oración: Señor, ¿por qué precisamente a mí? Pero el amor no tiene un “porqué”, es un don gratuito al que se responde con la entrega de sí mismo. (Viaje apostólico a Colonia con motivo de la XX Jornada mundial de la juventud, Encuentro con los seminaristas, discurso del Santo Padre Benedicto XVI, Iglesia de San Pantaleón de Colonia, viernes 19 de agosto de 2005)
Nosotros nos encontramos con el Señor y escuchamos su invitación: ”Sígueme”. Tal vez al inicio lo seguimos con vacilaciones, mirando hacia atrás y preguntándonos si ese era realmente nuestro camino. Y tal vez en algún punto del recorrido vivimos la misma experiencia de Pedro después de la pesca milagrosa, es decir, nos hemos sentido sobrecogidos ante su grandeza, ante la grandeza de la tarea y ante la insuficiencia de nuestra pobre persona, hasta el punto de querer dar marcha atrás: ”Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador” (Lc 5, 8). Pero luego él, con gran bondad, nos tomó de la mano, nos atrajo hacia sí y nos dijo: ”No temas. Yo estoy contigo. No te abandono. Y tú no me abandones a mí”. (Santa Misa Crismal. Homilía de Su Santidad Benedicto XVI. Basílica de San Pedro, jueves santo 13 de abril de 2006)
También hoy Dios busca corazones jóvenes, busca jóvenes de corazón grande, capaces de hacerle espacio a él en su vida para ser protagonistas de la nueva Alianza. Para acoger una propuesta fascinante como la que nos hace Jesús, para establecer una alianza con él, hace falta ser jóvenes interiormente, capaces de dejarse interpelar por su novedad, para emprender con él caminos nuevos. Jesús tiene predilección por los jóvenes, como lo pone de manifiesto el diálogo con el joven rico (cf. Mt 19, 16-22; Mc 10, 17-22); respeta su libertad, pero nunca se cansa de proponerles metas más altas para su vida: la novedad del Evangelio y la belleza de una conducta santa. Siguiendo el ejemplo de su Señor, la Iglesia tiene esa misma actitud. Por eso, queridos jóvenes, os mira con inmenso afecto; está cerca de vosotros en los momentos de alegría y de fiesta, al igual que en los de prueba y desvarío; os sostiene con los dones de la gracia sacramental y os acompaña en el discernimiento de vuestra vocación. (Visita pastoral de Su Santidad Benedicto XVI a Loreto con ocasión del Ágora de los jóvenes italianos. Concelebración Eucarística , Homilía de Su Santidad Benedicto XVI Explanada de Montorso, Domingo 2 de septiembre de 2007)
El Señor tiene un plan para cada uno de nosotros, nos llama por nuestro nombre. Por tanto, a nosotros nos toca escuchar, percibir su llamada, ser valientes y fieles para seguirlo, de modo que, al final, nos considere siervos fieles que han aprovechado bien los dones que se nos han concedido. (Viaje apostólico de Su Santidad Benedicto XVI a Munich, Altötting y Ratisbona (9-14 de septiembre de 2006), Vísperas marianas con religiosos y seminaristas, Homilía del Santo Padre, Basílica de Santa Ana de Altötting, lunes 11 de septiembre de 2006)
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Juan Pablo II
Se revela aquí un aspecto esencial de la vocación: es un llamado de Cristo. No es necesario que el llamamiento sea una invitación expresada con palabras: Basta que el Salvador atraiga a alguno en su seguimiento.LLAMADO DEL AMOR DE JESÚSLos discípulos pescaron al vuelo en Cristo su aspecto de amor: “Este es el Cordero de Dios”. El cordero es símbolo de dulzura, de mansedumbre. El precursor reconoció inmediatamente el rasgo fundamental de la persona de Jesús, y si los discípulos se ponen a seguir a este Maestro desconocido para ellos es que vieron en El algo que no encontraban en la misma manera en Juan Bautista
Notaron en el una bondad sorprendente, la expresión del amor de Dios que venía hacia los hombres. El Precursor se caracterizaba por la austeridad de su vida y la severidad de su predicación: Jesús se hacía notar por su amor manso y humilde.
Cristo atrae a los hombres como persona llena de bondad y de amor: la vocación viene del amor divino, del cual Jesús es el rostro humano más perfecto.SABER LO QUE SE BUSCALa pregunta de Jesús: “¿Qué buscan? ” obliga a los discípulos a reflexionar sobre el sentido de su búsqueda. Instintivamente siguieron a Jesús al que apenas conocían. Deberán tomar mucho más vivamente conciencia de lo que buscan al seguirlo. Para que su decisión sea más clara deben saber por qué quieren seguir los pasos del Maestro.
La vocación pide un conocimiento lúcido de lo que se busca, reflexionar sobre los motivos que se tienen para seguir a Cristo. No se puede limitar a una búsqueda instintiva; se debe ahondar y profundizar el sentido de lo que se hace.
ATRACCIÓN HACIA UNA INTIMIDAD PERSONAL.
“Maestro, ¿Dónde vives?” El lado admirable de la respuesta de los discípulos es que al dar a Jesús el título de Maestro le muestran el interés que tienen de escuchar su enseñanza, de llenarse de su doctrina. Al preguntarle: “¿Dónde vives? ” precisan que desean no solamente su doctrina sino la compañía personal de Cristo. Quieren estar donde Jesús vive.
Llamado de Jesús, la vocación tiende a procurar su compañía personal de Cristo. Los que son llamados están invitados a una intimidad personal con Cristo.
LA COMPAÑÍA DE CRISTO
“Venid y veréis”. Jesús responde, no por la indicación del lugar en donde vive, sino por el consejo de hacer la prueba. Como si dijera a sus discípulos: “Venid para que veáis lo que es vivir conmigo”. Los discípulos fueron con El y vieron por sí mismos lo que hacía y lo que era. Así se encaminaron para descubrir el verdadero rostro de Cristo.
En la vocación se encuentra el compromiso de hacer la prueba de la vida con Cristo, para descubrir así lo que es el Salvador. La personalidad de Jesús es un profundo misterio: se requiere entrar en su intimidad para conocerlo verdaderamente.
EL CAMINO CON ÉL.
“Fueron y vieron dónde vivía”. Los discípulos no se hacen repetir la invitación. Sentían demasiado que esta invitación respondía a su propia aspiración. Acompañaron inmediatamente a Jesús a su casa. Al principio se propusieron seguirlo; caminaban detrás de El con alguna timidez. Ahora caminaban con El, a su lado, escuchándole o hablándole. Cristo los tenía ya por amigos.
A los que escuchan el llamado de la vocación y le corresponden con plena voluntad, Jesús les ofrece de inmediato su amistad: los invita a caminar con El, a su lado, y a recorrer así todo el camino de la vida humana.
EL DESEO DE PERMANECER CERCA DE JESÚS.
“Y se quedaron con El el resto del día” . Los discípulos comenzaron a gustar la felicidad de la intimidad con Cristo; desde que estuvieron con El en su casa tuvieron el deseo de quedarse. La prueba que hacían colmaba todos sus deseos: en Jesús encontraban todo lo que esperaban del Maestro de la vida, y mucho más. Empezaban a comprender el privilegio de poseer su presencia.
Los que, siguiendo el llamado de Dios, hacen la prueba de acompañar a Cristo, aspiran, como los dos primeros discípulos, a pertenecer con El, cerca de El, esta unión es la fuente mas segura de felicidad y da un valor muy superior a la existencia humana. Los que alcanzan quieren propagarla.
LA HORA DECISIVA
El Evangelio nos dice la hora del primer encuentro con Cristo: como las cuatro de la tarde. La indicación de la hora nos hace pensar la importancia que los primeros discípulos dieron a este encuentro: fue la hora capital de su vida, en la que se decidió toda su vida, todo su porvenir. Esta hora fue para los dos primeros discípulos, Juan y Andrés, su recuerdo más querido; una hora inolvidable.
En la historia de la vida humana, en tu propia historia, en donde interviene la vocación, la hora del encuentro con Cristo es única.
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PELICULA EN 5 PARTES SOBRE LA VOCACIÓN












